8.14.2012

Capitulo I. Toda acción tiene su consecuencia.


Su padre la llevo al instituto en coche antes de irse al trabajo.
La noche anterior había llovido por lo que el ambiente era húmedo, no había ni rastro del sol, seguramente el día de hoy volvería a llover. Miró su reflejo en uno de los charcos que había en el asfalto del aparcamiento del instituto. Llevaba el pelo ondulado tirando a rizado, se fijó como el castaño extremadamente oscuro de su pelo hacía contraste con su cara que era más bien pálida. Sus cejas eran finas y definidas, tenía los ojos grandes con el iris de color castaño claro, en medio de todo ese castaño claro se podía ver una línea verde que formaba un circulo entorno a la pupila, en los días de mucho sol estos se veían mucho más claros, tenía muchas pestañas y muy largas, la nariz era fina y un poco alargada, por último los labios, estos eran finos y rosados. Iba vestida con un pantalón vaquero pitillo, sus deportivas anchas que hacían el pie bastante más grueso y una sudadera rosa pálido de marca. Se dio cuenta de que la gente la miraba, se colocó la mochila sobre el hombro izquierdo y caminó con paso ligero hasta entrar en el gran edificio color arena, le temblaban las manos, siempre le temblaban un poco, pero por el nerviosismo aun más. Llevaba en la mano un horario y el número de aula en el que se daba cada clase, tenía la esperanza de encontrar pronto el aula, pues aun que no era su primer año allí, el instituto era lo demasiado grande como para conocer donde estaban todas y cada una de sus aulas y llegar a tiempo para el comienzo de su primera clase, educación plástica y visual.
Encontró el aula casi sin problemas, era una de las primeras en llegar, era raro siempre solía llegar tarde, dos minutos tarde. Pensaba que en esas mañanas de instituto en las que tienes que madrugar, los cinco minutos más que te quedas adormecida en la cama son fundamentales luego, a la hora de llegar puntual o no y a ella le encantaba disfrutar de esos últimos cinco minutos.
-Señorita Novotny, siéntese en primera fila.
El profesor se percató de su presencia en cuanto entró en el aula, la reconoció de inmediato, seguramente por la foto que mandaron sus padres en el sobre de la matricula, todos los alumnos deben poner una foto suya de carné en sus respectivos sobres, supuso que sería un hombre muy atento, para ser profesor de esta asignatura hay que serlo, hay que saber mirar bien las cosas para plasmarlas en papel, tenía cara de buenas migas, daba una primera buena impresión, aun que a ella no le gustaba guiarse por las primeras impresiones, casi siempre traicionan.
-Espero que le guste dibujar, siéntese por aquí cerca. –Se dirigió al resto de los compañeros que al parecer no habían aprovechado sus últimos cinco minutos de sueño y continuó hablando con un tono alegre y energético. – Espero que les guste dibujar y que disfruten de esta asignatura tanto como disfrutare yo impartiendo mi clase. En cuanto lleguen el resto de sus compañeros, por ser el primer día, haremos una pequeña presentación.

Heather suspiró, odiaba los primeros días precisamente por eso, las presentaciones, era una chica bastante tímida, no entendía como el profesor podía hablar con ese tono de voz a tales horas de la mañana, se pregunta de donde podía sacar tanta energía. Se sentó en la segunda mesa y se recostó sobre en respaldo de la silla mientras miraba distante por la ventana, se preguntaba si en su clase le tocaría alguien conocido o si debería pasar un curso solitario, sus pocos ánimos se disipaban a la vez que iban pasando más compañeros suyos a clase, decidió dejar de mirar quien entraba y quien no y se centro del todo en las vistas de las que disfrutaba mirando por la ventana.
Al rato una fría mano se posó sobre su hombro derecho, giró la cabeza rápidamente y sintió como sus músculos faciales se tensaban formando una amplia sonrisa, era ella, la chica con la que había ido a clase desde primero, Keira .
El año pasado había sido un año de relax como decía ella, un año sin problemas, separadas en distintas clases por decisión de un profesor, pensaba que iba a ser mejor para ambas, pues juntas se distraían y que decir de esa separación, también logró influir en su amistad, todo el verano sin ningún tipo de contacto, pero allí estaban otra vez, juntas, como tantos años antes habían pasado. Sus cejas eran indefinidas y de un color castaño claro, se le notaban muy poco, sus ojos eran grandes de una forma ovalada su iris era de color castaño un par de tonos mas claro que el color de los ojos de Heather y verdosos, su nariz era un poco respingona y no tan estrecha, por último sus labios eran carnosos, llevaba la cara bastante pintada, una gran cantidad de sombra de ojos negra y los labios pintados de rojo, había cambiado bastante.
Se sentó a su lado y comenzaron a charlar como si el último año no hubiera influido para nada en su relación, pronto eran de nuevo inseparables.
La clase se llenó de gente de un momento a otro y su charla se vio interrumpida por el inicio de la presentación, tenían que salir de uno en uno a la pizarra, decir su nombre y hablar brevemente de ellos, nombrar sus datos más relevantes.
Casi todo eran caras conocidas para Heather y sobre todo para Keira ,ella era bastante más popular debido a los extrovertida y alocada que era.
Heather deseaba que la presentación acabase cuanto antes, le tocaría pronto salir a la pizarra y estaba nerviosa, no sabía que decir de ella misma, nunca se le había dado bien describirse y mucho menos las apariciones en publico.
Antes de que le tocase el turno había salido una de las chicas más populares de todo el instituto, Ashley, rubia, de ojos azules, se puede decir que estaba echa toda una barbie, pero en todos sus sentidos, no solo en cuento a lo que el físico respecta, los aplausos inundaron la estancia en cuanto ella acabo su presentación la cual se había convertido en una crítica hacia las demás compañeras y su manera de vestir. El siguiente fue un muchacho, no le prestó especial atención a decir verdad ni se enteró de su nombre, su concentración se centro en que iba a decir ella, escribiendo las pocas ideas que se le pasaban por la cabeza en un papel. Hizo su presentación lo más rápido que le fue posible y se sentó de nuevo en su sitio apresuradamente, la presentación había llevado bastante tiempo de la clase.
Paseó la mirada un par de veces por los rostros concentrados de todos y cada uno de los presentes en el aula, unos reían otros prestaban atención al profesor, el cual en ese momento indicaba como había que llevar a cabo la tarea, había unos que se limitaban a trocear sus gomas para tirárselas entre ellos. La tarea era sencilla, tenían el resto de la clase para hacer un boceto a carboncillo de lo que quisieran, aun que recomendó hacer un autorretrato y lo premiaría con una puntuación más alta. Heather comenzó a dibujar, sus dibujos normalmente reflejaban su estado anímico, de modo que se centró en crear un boceto inexpresivo, era difícil, demasiado.
Tocó el timbre lo que indicaba que ya debería de tener terminada la tarea pero no era así. Le había llevado más tiempo de lo previsto, se quedó mirándolo durante un instante, era un autorretrato, a decir verdad no se le parecía mucho, no tenía un espejo allí delante para mirarse, supongo que el dibujo reflejaba como le anhelaba ser, el rostro del dibujo lucía una amplia sonrisa. Cerró el cuaderno de dibujo, por suerte el profesor les dejó terminarlo en casa, no cerró la mochila, tenía prisa por encontrar la ubicación de su siguiente clase, Keira tampoco sabía donde estaba, así que se la cargó sobre el hombro izquierdo y salió a paso ligero con el cuaderno y la hoja suelta entre medias, al lado de Keira con la cual había comenzado una conversación más seria que las que habían tenido mientras realizaban sus trabajos.
- Deberíamos volver a investigar, hemos estado un año entero sin hacer nada, quien sabe como pueden estar las cosas ahora, era asunto nuestro y lo hemos dejado de lado, por una parte seremos culpables de lo que ocurra al no haber actuado, ya sabes a lo que me refiero Heather, sabes hasta que punto pueden llegar, que no se andan con chiquillas.
- Bien sabes que estoy totalmente de acuerdo contigo, este tema pone los pelos de punta, pero llevamos conviviendo con él mucho tiempo, no tengo el mayor reparo en seguir con nuestras investigaciones, es más, el juego comienza de nuevo, seguro que ya están al tanto de que volvemos a estar juntas o quizás lo tuvieran todo ya planeado, es un poco frustrante.
- Poco a poco Heather, poco a poco lograremos ir progresando y recuperar todo el tiempo que hemos perdido, debemos ir al bosque, allí es donde suelen ocurrir las cosas ¿No? Pues ya esta, debemos ir cuanto antes.

Tras esto último se asomó por el hueco de la puerta, el pasillo se inundaba de alumnos por momentos, nada mas salir se topó de frente con un muchacho moreno, alto y delgado, no tuvo tiempo de fijarse en nada más este siguió de largo y ella hizo lo mismo, en dirección contraria, tratando de responder a su amiga que seguirían esa charla en un lugar más apropiado pero ella al parecer se había olvidado ya del tema y se limitaba a, según ella intentar hacer entrar en razón a Heather, recordándola como era el chico con el que había chocado. Se paró frente a la puerta de entrada al centro, depositó la mochila en el suelo y empezó a buscar el horario, en el ponía el número del aula a la que tenían que ir y les sería mucho más fácil encontrarla; no lo encontraba, quizás lo había guardado dentro de algún libro o cuaderno, echó un vistazo por el blog de dibujo, el horario no estaba allí, era de esperar, lo que le sorprendió fue que tampoco se encontraba allí guardado su boceto, seguramente se le había caído por el pasillo al salir del aula, retrocedieron rápidamente para buscarlo pero el dibujo no estaba por ningún lado, al fin se rindió y dio por perdido su trabajo de plástica, además Keira no hacia más que repetirla que ese dibujo no parecía suyo, que no le gustaba. Haría uno nuevo y lo entregaría mañana como si nada, los pasillos estaban casi despejados, le fueron preguntando a la primera persona con la que se cruzaban y así se pasaron el día entero recorriendo los pasillos del instituto en busca de las clases a las que debían asistir.
El día le parecía horroroso, a Keira le habían ido a buscar a la salida sus nuevas amigas y ahora Heather se encontraba sentada en las desiertas escaleras de piedra del patio del instituto, con el cielo encapotado y bastante humedad en el ambiente esperando a su madre, no quedaba nadie era la última, empezaba a proponerse volver sola a casa, estaba un tanto lejos pero era mejor que quedarse como un pasmadote esperando a que comenzase la lluvia y empaparse. Su madre, Mery, se había olvidado por completo de ella, suspiró una y otra vez mientras avanzaba con las manos metidas en los bolsillos de su sudadera. No sabía como lo hizo pero logró llegar a casa sin mucha dificultad, suerte supongo, si, llamémoslo así. Su madre abrió la puerta y exclamó nada más verla .- ¡Oh, lo siento cariño!¿Estás bien?.- No contestó, subió a su habitación y se puso ha hacer un nuevo boceto para plástica, estaba cansada y le deprimía pensar que el día de hoy sería rutina, que seguramente su madre la haría volver andado ahora que descubrió que podía hacerlo sin complicaciones.

Prólogo.


El viento la revolvía el pelo mientras se adentraba en su mundo interior, en sus pensamientos los cuales ahora eran un mar de dudas, pero no como un mar en calma si no más bien como un mar enfurecido en el que la olas chocan con fuerza contra las rocas desgastándolas, se sentía como deberían de sentirse esas piedras si tuvieran sentimientos.
A su alrededor solo veía árboles, y con gran esfuerzo, pues la oscuridad de la noche se había apoderado de la estancia volviendo aquél bosque un lugar más lúgubre de lo que era de por si, con aquellos árboles sin apenas hojas que permitían ver su esqueleto de ramas meciéndose lentamente con el viento a la luz de la luna.

Un escalofrío recorrió por completo su cuerpo cuando le pareció oír unos pasos entre la maleza. Hinchó su pecho con todo el aire que le fue posible inspirar, armándose de valor a su vez y continuó caminando entre la espesura, sin volver la cabeza, sin mirar atrás. Tal vez su valentía estaba fuera de lugar en aquél momento, a veces ser valiente es malo en exceso.
Alargó los brazos y dio un paso más hacia delante y allí sus manos chocaron contra una verja, era lo que estaba buscando, el ruido que hizo la verja se le antojo estrepitoso. Rápidamente se dispuso a saltar su obstáculo, pero no pudo terminar su propósito. Los pasos que le habían parecido oír antes ahora los podía escuchar con total claridad a su espalda, una mano congelada aferró con fuerza su muñeca, sintió que le ponía algo sobre la cara, en cuestión de segundos la oscuridad la cegó por completo.